Se habla mucho, incluyendo en estas páginas, de la importancia del trabajo en equipo y de que, si este está bien organizado y equilibrado, puede ser mucho más eficiente y productivo que todas las personas trabajando a su aire.
El otra lado de esto es que equipos no son fáciles de manejar y de organizar para que todos trabajen en la misma dirección y con los mismos objetivos.
Cuando los problemas son falta de recursos, se pueden mitigar organizándose mejor y dándole más recursos.
Más serio es cuando los problemas provienen de personalidades y de actitudes.
Todo equipo contiene una mezcla de personalidades que, si cuajan como grupo, pueden ser muy productivos e, incluso, muy positivos para el ambiente de la oficina y para la actitud de cada miembro del grupo.
Como un equipo tiene varios miembros, cada uno con su personalidad y actitud y estos deben convivir y colaborar, si sólo uno del grupo está desviado, introduce dentro del equipo elementos desestabilizadores que pueden minar su productividad.
Por eso es tan importante el labor de gestionar el equipo como equipo y también gestionar los miembros del equipo como individuos.
Cuando se encuentra a un miembro del equipo que puede ser desestabilizador, hay que responder a la situación inmediatamente.
En el artículo en referencia, nos dan pasos a tomar y pasos a no tomar, en esta situación que pueden ayudar a manejar la situación.
Normas que se deben seguir:
- Encontrar la fuente del negativismo.
- Diferenciar entre la persona y la actitud.
- Implicar a todo el equipo para establecer los procedimientos del equipo.
Normas que se deben evitar:
- No se debe señalar a alguien delante del grupo.
- Nunca se permitan comentarios negativos sin tratarlos.
- Siempre suponer que todo pesimismo es improductivo.
Vía | Harvard Business School En El Blog Salmón | Maximizar los resultados con buen trabajo de equipo