Alemania anunció hace dos semanas un gran programa de estímulo fiscal. Su primer efecto: toda Europa va a sufrir más para financiar su deuda

Alemania anunció hace dos semanas un gran programa de estímulo fiscal. Su primer efecto: toda Europa va a sufrir más para financiar su deuda
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Alemania, históricamente conocida por su disciplina fiscal y su obsesión por el equilibrio presupuestario, ha dado un giro inesperado.

Hace apenas dos semanas, el gobierno alemán anunció un masivo paquete de estímulo económico que incluye aumentos de gasto público y recortes de impuestos. Este cambio de rumbo, aunque destinado a reactivar una economía estancada, ha tenido un efecto inmediato: los rendimientos de los bonos soberanos alemanes se han disparado, arrastrando consigo a toda la eurozona.

El problema no es solo local. Italia, Francia, España y otros países de la región ahora enfrentan mayores presiones en sus mercados de deuda, ya que los inversores exigen mayores rentabilidades para compensar el riesgo.

Este movimiento marca un punto de inflexión: Alemania, durante décadas el "alumno ejemplar" de la austeridad europea, podría estar desencadenando una crisis de financiación para sus vecinos.

El "Schwarze Null" y la obsesión por el déficit cero

Durante años, Alemania ha sido el defensor más férreo de las reglas fiscales estrictas en la UE. La política del "Schwarze Null" (cero negro), implementada desde 2014, exigía equilibrar el presupuesto sin déficit, incluso en tiempos de crisis.

Esta postura, defendida por Angela Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, convirtió a Alemania en el ejemplo de prudencia financiera, pero también limitó su capacidad de inversión en infraestructuras y servicios públicos.

¿Por qué Alemania cambia de rumbo ahora?

La economía alemana lleva meses mostrando signos de debilidad: crecimiento estancado, caída de la producción industrial y una demanda interna deprimida.

Ante este panorama, el gobierno de Olaf Scholz ha decidido romper con la ortodoxia y lanzar un paquete de estímulo de más de 50.000 millones de euros, combinando subsidios a la industria, inversión en energía verde y alivios fiscales.

El problema es que este giro llega en un momento delicado: los mercados ya estaban nerviosos por la inflación persistente y las subidas de tipos del BCE. El anuncio alemán ha sido interpretado como una señal de que incluso el país más frugal de Europa está dispuesto a endeudarse más, lo que ha aumentado las primas de riesgo en toda la región.

El Bund alemán ya no es el "refugio seguro" de antes

Los bonos alemanes a 10 años (Bund) han visto cómo sus rendimientos superan el 3%, el nivel más alto en años. Esto es significativo porque, tradicionalmente, los inversores consideraban la deuda alemana como la más segura de Europa, lo que permitía a Berlín financiarse a tipos muy bajos. Ahora, esa ventaja se está erosionando.

Italia, España y Francia bajo presión

El contagio ha sido inmediato. Los bonos italianos han superado el 4,5%, aumentando el coste de financiación para el país más endeudado de la eurozona. España y Francia también han visto subir sus rentabilidades, en torno al 3,8% y 3,5% respectivamente, lo que complica sus planes de gasto público.

El mensaje de los mercados es claro: si hasta Alemania se relaja fiscalmente, el riesgo soberano en Europa aumenta.

¿Qué significa esto para el futuro de la eurozona?

El Banco Central Europeo sigue intentando controlar la inflación con tipos altos, pero ahora enfrenta un nuevo desafío: cómo evitar una fragmentación en los mercados de deuda.

Si los diferenciales entre Alemania e Italia se amplían demasiado, podría verse obligado a reactivar herramientas como el "escudo anti-fragmentación", un mecanismo de compra de bonos para estabilizar la zona euro.

¿Vuelve la crisis de deuda europea?

Aún es pronto para hablar de una nueva crisis, pero los fundamentos son preocupantes. Alemania ya no es el ancla de estabilidad que era antes. Los altos niveles de deuda en Italia (140% del PIB) y Francia (110%) los hacen vulnerables. Y elcrecimiento débil en la eurozona limita la capacidad de reducir déficits.

Si los mercados pierden confianza, podríamos ver un escenario similar al de 2012, cuando la prima de riesgo española e italiana se dispararon, obligando al BCE a intervenir.

Consecuencias imprevisibles

Alemania ha roto un tabú: la austeridad ya no es sagrada. Pero este giro, aunque necesario para su economía, tiene un coste para el resto de Europa. Los inversores ahora exigen más rentabilidad por asumir riesgos en deuda europea, lo que podría encarecer la financiación pública en un momento ya de por sí complicado.

El verdadero test llegará en los próximos meses: ¿Podrá el BCE contener el pánico en los mercados? ¿O estamos ante el inicio de una nueva era de inestabilidad financiera en Europa? La respuesta dependerá de si Berlín y Bruselas logran coordinar una estrategia común, antes de que sea demasiado tarde.

Imágenes | Instagram, Unplash

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