
¿Tiene sentido que sigan creciendo las universidades privadas en España? En pleno cruce de declaraciones entre el Gobierno e Isabel Díaz Ayuso, surge una pregunta de fondo: ¿Deberíamos potenciar los pequeños centros educativos privados?, ¿Limitar su creación? ¿Afecta el acceso a la privada a los objetivos educativos en general? En Massachussetts (EEUU), puede que tengamos una respuesta de la cual aprender un par de lecciones.
Massachusetts cuenta con más de 250 centros de educación superior. Solo dos de ellos —Harvard y el MIT— concentran buena parte del prestigio internacional y un gran número de alumnos (22.000 y 11.319 alumnos, respectivamente), pero no explican por sí solos el ecosistema educativo del estado.
Más allá de Harvard y el MIT
De hecho, algunas de sus mejores universidades son pequeñas, especializadas y muy exigentes. Entre ellas destacan Amherst College, Williams College, Wheaton o Wellesley. Ninguna supera los 3.000 estudiantes, y todas figuran con frecuencia entre las instituciones con mayor tasa de graduación, satisfacción y acceso al mercado laboral.
Un modelo de “micro universidades” que ha demostrado que el tamaño no es un impedimento para ofrecer calidad. Al contrario: en algunos casos, permite una enseñanza más centrada, enfoques curriculares más flexibles y una relación más directa entre alumnos y profesores.
Formación de calidad
En el caso de Estados Unidos, el contraste no está tanto entre lo grande y lo pequeño, y tampoco debería ser un impedimento para aplicar a cualquier sector con un mayor componente público en la educación media y superior.
En Madrid, se ha apuntado en numerosas ocasiones a las concensiones continuas para la apertura de nuevos centros privados, que la presidenta de la Comunidad de Madrid sigue defendiendo con firmeza. Desde el Gobierno y, en concreto, Maria Jesús Montero (ministra de Hacienda), se ha señalado que el acceso directa a ciertas titulaciones atenta contra el sistema educativo y dificulta el ascensor social para las clases medias y bajas.
De igual modo, el riesgo aquí no es solo social o de reputación. Si el sistema permite facilita sobremanera ciertos recorridos académicos acaba por degradar el valor del conjunto de la educación superior. Así, aquello que en un principio puede parecer una oportunidad para ampliar la oferta formativa, puede terminar alimentando burbujas de baja calidad.
El modelo Massachussets
Para evitar esto, Massachussets ha prestado atención a varios factores clave.
En primer lugar, la exigencia: muchas de estas universidades pequeñas tienen procesos de selección rigurosos y currículos altamente estructurados.
En segundo, la especialización. Lejos de intentar ser todo para todos, estas instituciones eligen nichos concretos: artes liberales, investigación aplicada, liderazgo educativo y, de este modo, pueden ofrecer una educación altamente especializada y personalizada.
Sin embargo, también hay una tercera variable que puede resultar difícil de aplicar en nuestro país: la regulación. Massachusetts cuenta con un sistema de acreditación sólido que filtra los proyectos educativos sin solvencia. A eso se suma una cultura de revisión y evaluación continua que permite cerrar o transformar instituciones que no cumplen los estándares.
El resultado es un ecosistema competitivo, exigente y diverso. En pocas palabras, está claro que no todas las universidades pueden ser Harvard, pero muchas pueden ser Wellesley.
Lecciones "a la española"
La polémica sobre la proliferación de universidades privadas en España suele ir acompañada de un debate sobre el acceso, la equidad y la calidad. Si se observa el modelo estadounidense con rigor, no se trata de limitar el número de centros, sino de exigir más a quienes los impulsan.
El debate no es cuántas universidades debemos tener, sino qué tipo de universidad queremos construir. Permitir la existencia de micro universidades no es, en sí mismo, un problema. El problema surge al permitir que estos centros se conviertan en negocios sin contenido. Si se hace bien, pueden enriquecer el sistema. Si no, solo añaden ruido y confusión a un mercado ya excesivamente tensionado.